La experiencia de pérdidas y duelo tiene una gran importancia, en el sistema educativo y socio familiar, también en lo referente a la salud, puesto que sabemos que muchos trastornos, sobre todo relacionados con la salud mental tales como la ansiedad, depresión, duelos complicados, somatizaciones y un largo etcétera, están claramente relacionados. Quizá debamos partir de la premisa de que vivimos en una sociedad que se posiciona de espaldas a la muerte, en la que la muerte es un tabú, un tema incómodo, difícil, una realidad que se oculta, que se niega. El duelo es un proceso de adaptación, es un camino que debemos recorrer, tanto la población infantil como la adulta, siempre que perdemos a alguien o algo importante en nuestras vidas, y en este camino tenemos que aprender a vivir sin esa persona o sin aquello que hayamos perdido. El duelo es un proceso natural, activo y que compromete la vida de la persona en su integridad con sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Es importante tener en cuenta que el propio proceso de crecimiento del ser humano conlleva un duelo, lo que desde la psicología de los niños y niñas entendemos como duelo de la infancia, necesario para su evolución y desarrollo psíquico. También a lo largo de su vida se van a presentar diversas experiencias de pérdida, por desamores, divorcio de padres, pérdida de amistades, fracasos académicos, inmigración, pérdida de ilusiones y sueños…

Posiblemente, la concepción de la muerte que tenemos en nuestra sociedad tiene mucho que ver con las ideas o mitos acerca del duelo en los niños y niñas y es lo que nos lleva a alejarles del entorno de la muerte para protegerlos, pensando que así les evitamos el sufrimiento que nosotros hemos experimentado. Estos son algunos de los mitos más comunes respecto al duelo en la infancia y la adolescencia y lo que nos demuestra la investigación y la práctica clínica:

Se dice: “Las y los niños no se dan cuenta de lo que sucede tras una pérdida”. Sin embargo, está demostrado que se dan perfecta cuenta de la muerte que se suceden a su alrededor en las personas queridas.

Se dice: “Las y los niños no elaboran el duelo”. Es evidente que lo elaboran, pero su modo de manifestarlo es diferente al de las personas adultas y lo expresan de distintas formas dependiendo de su edad.

Se dice: “Debemos protegerlos para que no sientan dolor y sufrimiento, por lo que es mejor disimular y no mostrar nuestro dolor”. No hay nada que les impida el dolor y el sufrimiento de una pérdida van a ser más felices, estamos evitando que desarrollen las habilidades necesarias para enfrentarse a situaciones que inevitablemente van a tener que afrontar en su vida y además les estamos enseñando que la mejor manera de protegerlos es comunicárselo con un lenguaje adecuado a su edad, incluirlos en las actividades familiares y darles espacio para que se expresen y compartan emociones, rituales… siempre acompañados por una persona adulta.

Se dice: “En la infancia no se comprenden los rituales y además les pueden traumatizar, por lo que es mejor que no asistan a ellos”. El que acudan a los funerales ayuda a los más jóvenes a hacer real la muerte del ser querido. Cuando son excluidos de los rituales se sienten olvidados, pueden sentir que no son parte de la familia, que su dolor es menos importante. Hay gran coincidencia entre los expertos en que, a partir de los 6 años conviene ofrecerles participar en la visita al tanatorio o a los funerales. Si es así, estarán siempre acompañados por alguna persona cercana, anticipándoles lo que van a ver, lo que va a suceder y estar siempre dispuestos a responder a sus preguntas. Por debajo de los 3 años es posible que no entiendan nada de los rituales y se puedan asustar. No hay tanta coincidencia sobre el modo de actuar entre los 3 y 6 años pero, como orientación general, se aconseja ofrecerles la posibilidad de participar en un grupo reducido en la visita al tanatorio o a los funerales con personas conocidas.

La comprensión de la muerte y expresión del duelo según la edad y el desarrollo evolutivo.

La comprensión de la pérdida y el proceso de duelo están muy determinados por la edad o el desarrollo evolutivo de cada niño o niña. Hay cinco elementos fundamentales que intervienen en la comprensión de la muerte y que van a ir cambiando con la edad. La muerte es:

  • Universal – la muerte afecta a todos los seres vivos.
  • Irreversible – tras la muerte no se vuelve a vivir.
  • No funciona – tras la muerte el cuerpo deja de funcionar.
  • Es incontrolable – la muerte no depende de nuestros pensamientos.
  • Final de la vida – tras la muerte no sabemos qué pasa, existe un gran misterio sobre la continuidad o no de otra forma de vida.

Psic. Victoria Ruiz (ConSiente)

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